Las
tecnologías suelen ser entendidas como "herramientas" diseñadas por
el hombre para lograr distintos fines.
A lo largo del tiempo el conocimiento estuvo vinculado a la información, a la
incorporación de contenidos relevantes, incluso, ya en el siglo xx, se relacionó
al saber-hacer a través del desarrollo de ciertas habilidades prácticas que
posibiliten una tarea laboral y profesional exitosa.
En
casi todos los casos, el modo de conocer y en especial los medios usados para
"transmitir" el conocimiento deseado ocupan un lugar secundario: la
voz del maestro y el texto escrito fueron los soportes naturales y más
transparentes del saber.
El
entorno, es decir, lo que nos rodea fue moldeado a través de artefactos técnicos
que hemos ido humanizando a lo largo de los siglos. En este siglo, el proceso
mencionado se ha acelerado notablemente, las llamadas "tecnologías de la
luz" hicieron notar un proceso que llevó siglos: nuestra dependencia a las
tecnologías.
Este cruce del ser humano con la
tecnología esta tan naturalizado que parece constitutiva. Estamos por entrar en
una continuidad simbólica entre el hombre y la tecnología.
"El
hombre se encuentra en un umbral que le permite irrumpir más allá de las
discontinuidades entre él y las maquinas, debemos ser conscientes de que las
herramientas y máquinas son algo inseparable de la evolución de la naturaleza
humana" (B, Mazlish. 1995. Pág 237)

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